
La joyería Restrepo espera una ilustre visita… A Teresita la envuelve un aura zafirina, urgente y ansiosa, y en la abstracción de su destino determinado, nos hace una inquietante confesión: «Yo maté a Carmencita Polo». Ahí comienza un viaje mental hacia el pasado, un viaje donde las palabras suenan a tiempo en los oídos, a rugir de pasos, voces y fusiles, y donde ella, fragmentada entre presente, pasado y futuro, se concentra en preparar concienzudamente su plan, el camino que la conducirá inexorablemente a los anales de la historia, a la eternidad.










